01/08/02 Kenosha (WI)-Lincoln (IL) / 363 km

 

Kepa estuvo pasando unos meses en Kenosha, por lo que nuestro viaje en Chicagorealidad comenzó ahí. Antes de emprender el viaje pudimos visitar Chicago. El museo de arte  de Chicago, Art Museum, es muy bonito y disfrutareis de él si os gusta el arte. Justo enfrente del museo se encuentra la placa que indica el punto de inicio de la Ruta 66. Al fondo se puede ver la torre Sears, el edificio más alto de los Estados Unidos, (todo esto lo podeis ver en la foto de al lado). Además de esto, son muy conocidos en Chicago el “The Loop”, el distrito de los negocios, y una milla repleta de tiendas. La arquitectura de la ciudad es mayormente art déco. Es posible subir a la Sears Tower, pero es mejor subir en un día despejado, para que las nubes no oculten la vista del lago, como nos pasó a nosotros. Asimismo, en los alrededores del Navy Pier hay muchos restaurantes, atracciones para niños, además de ser  el punto del que parten las excursiones en barco por el lago Michigan.

 

El primer día de nuestro viaje, teníamos la intención de salir muy temprano. Salir de chicago en un día laborable puede ser una locura. Aunque las autopistas allí son muy amplias y muy buenas, el denso tráfico las llena completamente. Habíamos tenido cuatro o cinco días con un tiempo fantástico, pero la víspera se había empezado a nublar.  

 

Cuando planeas un viaje de tantos días atravesando los Estados Unidos puedes estar seguro de una cosa: tarde o temprano te encontrarás en medio de una buena tormenta. A nosotros eso nos pasó ya el primer día. Nada más levantarnos miramos por la ventana y vimos que estaba lloviznando...empezamos bien!

 

Al ser el primer día, tardamos bastante tiempo en poner todo nuestro equipaje en la moto. No habíamos podido encontrar una maleta tipo Givi para nuestra moto y nos costó unos días encontrarle el truco a eso de colocar todos nuestros bártulos bien sujetos y de manera que nos quitaran el mínimo espacio posible para ir sentados cómodamente. Además, tuvimos que preparar la moto para la lluvia, tuvimos que taparlo todo bien con bolsas de basura, y sujetarlas con un montón de cinta de embalar. Nosotros también nos pusimos nuestros trajes de lluvia y bolsas de basura dentro de los zapatos. Total que comenzamos nuestra aventura bajo el agua y bastante incómodos.

 

Por si eso fuera poco, entre pitos y flautas, al final salimos a las siete, y nos juntamos con todos los que iban a trabajar. Aunque nos habíamos levantado a las cuatro y media, no fue hasta las diez que conseguimos dejar atrás Chicago y adentrarnos en la verdadera Ruta 66 en Jolliet. Aunque al principio lloviznaba, luego empezó a llover más fuerte, y nos cayó una chaparrada de miedo. Mi ropa de lluvia no resultó ser tan eficaz como era de suponer y acabé con los pies y el cuerpo calados, la de Josune aguantó un poco mejor, pero tambén caló.  Decidimos alejarnos de aquella maldita tormenta cuanto antes. En jolliet había dejado de llover y seguimos nuestra ruta.

 

Teníamos buenas referencias para el viaje, obtenidas de varios libros que habíamos consultado, pero en el estado de Illinois no eran en absoluto necesarias pues en todos los cruces había señales indicando cómo seguir la vieja ruta 66. Durante un buen trecho la carretera que se sigue no tiene número, y va paralela a la vía del tren. Seguía lloviendo de manera intermitente. No tenemos fotos de esta etapa, la cámara de fotos se había quedado en una de nuestras alforjas, debajo de las bolsas de basura, así que no era cuestión de deshacer todo en patín, después de lo que nos había costado ponerlo, para sacar fotos. Además que tampoco estábamos de humor. Debido a la lluvia, nos habíamos quedado bastante fríos, y lo único que queríamos era llegar a algún sitio donde poder secarnos y cambiarnos de ropa.

 

Como las cosas siempre pueden ir a peor, como bien indica la ley de Murphy, hacia el mediodía, una milla antes de llegar a Pontiac, empecé a notar algo extraño en la rueda trasera. Paramos para ver de qué se trataba, y vimos que la rueda estaba pinchada...no era así presisamente como habíamos imaginado nuestro excitante viaje! En todo este tiempo Josune estuvo con la moral alta. Yo estaba bastante desanimado pero ella mantuvo el espíritu de equipo.

 

Habiendo temido un incidente como este, habíamos cogido un seguro con AAA (“tripel ei”, algo similar a nuestro RAC). Si se contrata el servicio más completo, incuye la asistencia para la moto. El precio para un año: alrededor de $70. Si te das de baja antes del año, te devuelven la parte proporcional. El servicio de AAA-ren es algo diferente en los diferentes estados. Nosotros lo contratamos en Wisconsin, y debemos decir que el servicio ha sido inmejorable. De todas maneras, hemos leído críticas a AAA de otros clientes.    

 

Volviendo al pinchazo, como no teníamos teléfono móvil, le hicimos un gesto al primer coche de policía que pasó por allí, y nos ayudó. Llamó a un garaje del pueblo para que vinieran a buscarnos, y al cuarto de hora estaban allí. El teléfono de AAA estaba comunicando todo el tiempo, por lo que tuvimos que pagar nosotros el servicio ($80) y pedir posteriormente un reembolso a AAA. En Los Estados Unidos las motos son en general para dar una buelta los domingos, no son muy utilizadas para “viajar”, por lo que puede ser bastante difícil encontrar un establecimiento donde te reparen la rueda o donde tengan una nueva. En esto tuvimos suerte pues aunque Pontiac es un pueblo pequeño había una tienda de motos. Subieron nuestra moto encima de un camión y nos llevaron a la tienda en cuestión. Preguntamos si la rueda se podía arreglar, nos dijeron que no y nos vendieron una nueva. En esto también tuvimos suerte ya que podía pasar que no tuvieran una rueda de la medida que necesitábamos y que hubiéramos tenido que estar un día esperando, pero la tenían. Eso sí, tuvimos que pagar $230 por la rueda nueva...mientras nos la arreglaban y aprovechando que había salido un rayito de sol, pusimos las cazadoras en el suelo para que se secaran un poco y nos sentamos nosotros también en el suelo para que se nos secaran los pantalones.

 

Las cosas así, reiniciamos la etapa, cansados, pero un poco más secos. En toda la tarde no nos llovió y por fin pudimos llegar al final de nuestra primera etapa: Lincoln. LincolnFuimos al camping. Era muy pequeño y no había nadie en recepción. Escogimos un sitio , montamos la tienda, y sacamos las ropa de las alforjas para ponerla a secar sobre la hierba, porque parece ser que nuestras bolsas de basura tampoco eran tan impermeables como nos hubiera gustado (la ley de Murphy, de nuevo). Cuando estábamos preparados para descansar y nos las prometíamos tan felices (ver foto) empezamos a ver unas nubes negras en el cielo. Si Josune hasta entonces había mantenido la calma, se puso a recoger toda la ropa como una loca y a decir que nos fuéramos de ahí. Después de un día pasado por agua no estaba dispuesta a pasar la noche bajo la lluvia también. Mientras tanto yo me había puesto a escuchar el parte metereológico en una radio pequeña que llevé precisamente para poder llevar siempre con nosotros al hombre del tiempo, y estaba escuchando que venía una tormenta bastante grande. Así que lo colocamos todo de nuevo en la moto, vaya día,  y nos fuimos a unos de los moteles cutres de Lincoln (Crossroad, 1305 Woodlawn Rd // $33.50). En seguida empezó a llover y nos alegramos de la decisión.

 

 

Tras un día tan duro nos merecíamos una buena cena y fuimos a investigar los restaurantes de los alrededores. Entramos en uno que tenía buena pinta: Bonanza. En seguida nos dimos cuenta de que ese restaurante que parecía “tipical American” era en realidad una franquicia igual que los bares irlandeses esos que abren por aquí, todo o casi todo puro decorado. Cenamos bien de todas formas. En los últimos años en los restaurantes de Estados Unidos se ha instaurado el sistema “free refill” ¿En qué consiste eso? En poder beber todo lo que se quiera en bebidas sin alcohol. Como consecuencia de esto, salimos de allí con la tripa bien llena de comida y bebida. Nos fuimos a dormir, que buena falta nos hacía. En el motel pusimos en canal del tiempo o “Weather Chanel”, para nuestro disgusto, pues el hombre decía que al día siguiente íbamos a volver a tener lluvia A partir de aquel día me volví un forofo y un espectador asiduo de este canal, para cachondeo total de Josune.