01/08/03 Lincoln (IL) – Stanton (MO) / 422 km
Nos levantamos por la mañana y fuimos a un supermercado cercano a comprar
el desayuno; leche, zumo, fruta y algunos bollitos. En los días que siguieron hicimos
esto en varias ocasiones. Teníamos muchas millas por delante, de manera que
había que alimentarse bien.
Antes de dejar el estado de Illinois, teníamos que pasar por Springfield.
Hay dos Springfield en los Estados Unidos (por lo menos), uno en Illinois y
otro en Missouri. No sabíamos cual era el Springfield en el que vive Bart
Simpson y decidimos averiguarlo, por lo que íbamos bien atentos para ver si le
veíamos por allí con el patinete. Mientras le buscábamos, nos encontramos con
Shea´s (2075 Peoria road) 
Hoy en día el puente está abierto para las bicicletas y para los peatones,
pero solo durante los fines de semana. Ya que no sabíamos eso, y fuimos un
viernes, solo pudimos acercarnos a la verja de uno de los lados. Mala suerte. Una
pena, pues tiene que ser curioso poder atravesar el puente. Tras ver el puente,
y sin ver Saint Louis pues habíamos perdido un tiempo precioso, cogimos la autopista
y seguimos para adelante. Es muy bonito entrar en el estado de Missourin. Mientras
que Illinois es muy plano y amarillo, Missouri, sin ser montañoso, tiene muchos
desniveles y es muy verde. Es un cambio de paisaje que se agradece.
Aunque queríamos llegar hasta Rolla, seguimos por la autopista, y llegamos
hasta Stanton donde se encuentran las Meramec Caverns. Josune quería bajarse de
la moto como fuera, ya que le dolía el culo y no podía ni estirar las piernas, así
que al ver aquel camping de las cavernas de Meramec, con un río y todo, dijo
que hasta allí había llegado. Las Meramec Caverns son unas cavernas (como su
propio nombre indica) bastante bonitas. Tienen montado allí el típico rollo
para los turistas, con ventas de postales y souvenirs. Esos montajes no me
gustan así que pasé de entrar, pero Josune entró a ver de qué iba aquello, y se
acercó hasta la barrera a partir de la cual había que pagar entrada, y anduvo
salseando en la tienda de chorraditas. Lo que más le gustó fue una postal en la
que vió que en aquellas cuevas, en los años 60, se celebraban unos bailes a los
que iba muchísima gente, por una lado porque era un sitio de paso en la ruta 66
y por otro, porque es un local naturalmente climatizado. Se compró la postal y salió tan contenta. Según cuenta la leyenda sobre la que se basa
todo el lío que tienen montado en estas cuevas, el famoso bandolero y asaltador
de trenes Jesse James y su banda se escondían en estas cuevas tras sus robos, lo
que traía de cabeza a los “sheriffs del condado” que nunca conseguían dar con
ellos. Los expertos dicen sin embargo que todo eso de Jesse James no es más que
un bulo que han levantado los locales para sacarles dinero a los turistas, y la
verdad es que parece que funciona. Nosotros al margen de si toda esta historia
es verdad o mentira, nos bañamos en el río. La temperatura del agua era de 35º
C más o menos. La corriente tenía mucha fuerza, y según un letrero que había
allí delante, estaba prohibido bañarse. Le pregunté a un ranger que había allí,
que a ver dónde nos podíamos bañar, y nos dijo que en cualquier lado, y cuando
le comenté lo que decía el cartel me dijo que tranquilo, que eso era solo para
no tener que asumir responsabilidades en caso de que pasara algo, pero que nos
podíamos bañar. Vaya cara ¿no?
Fuimos a cenar al pueblo de al lado, y al volver al camping en la oscuridad,
los marshall esos que había en la puerta (como los de los dibujos animados del
oso Yoggie) nos alumbraron en toda la cara con esas linternas que utilizan los polis
en las pelis, como si fuéramos unos delincuentes. ¿Sería porque íbamos en moto?
Hacía una noche preciosa, con luna llena, y algunos compañeros de camping
encendieron fogatas. Muy romántico.